Esa noche me desnudé ante ti.
Y no me refiero a quitarme la ropa: las estrías, los poros, las espinillas, las ganas de hacerte el amor... eso ya lo conoces.
Me refiero a la vez en que lloré contigo, la vez en que no tuve miedo o que, a pesar de él, te quise decir como me sentía.
No sé por qué lo hice, ahora sé que estaba viendo en donde no tenía que hacerlo o estaba viendo algo que no está ahí.
Pobre Horacio, siempre imaginando escenarios y dándose cuenta que no pudo estar más equivocado.
Quédate desnudo, te hace bien.